Publicado el 3 noviembre, 2021 por Victoria

La vida puede ser un viaje absolutamente caótico y sorprendente. Como se suele decir, da muchas vueltas, y un día podemos estar en lo más alto para caer al siguiente en picado y sin remedio. Para lo bueno y para lo malo, las cosas siempre pueden cambiar, ir a mejor si nos esforzamos, si de verdad ponemos toda la carne en el asador. Hay situaciones que pueden llegar a sobrepasarnos, pero no podemos dejar que eso se convierta en lo que nos marca por completo, en lo que nos define. Superar ese tipo de problemas nos hace más fuertes y nos permite seguir el camino que habíamos marcado. Cuando tienes las cosas claras y no temes esforzarte en lograr aquello que sueñas, al final todo merece la pena. Como con Sindy Takanashi, la joven influencer que está revolucionando Internet.

Hoy por hoy, ser influencer es una etiqueta que muchos miran con el ceño fruncido. ¿Qué hace una influencer, en realidad? ¿A qué se dedica? Muchas son modelos, otras también son actrices en ciernes, o simplemente jóvenes empresarias que han aprovechado su fama y popularidad para crear un imperio de la moda y la belleza a su alrededor. Las hay muy conocidas, como Laura Escanes o Paula Gonu, y también otras más de nicho, como el caso que nos ocupa hoy. Sindy nació en Venezuela pero se mudó a España siendo muy joven, huyendo de los problemas económicos en su país. La vida en Madrid tampoco era fácil, y Sindy se vio en la tesitura de entrar a un trabajo que no le gustaba demasiado, solo para conseguir el dinero que necesitaba para su negocio. Poco a poco, con constancia y trabajo, la chica consiguió llevar su salón de belleza a lo más alto. Tanto es así que ahora tiene su propio programa en una plataforma de streaming, y se ha convertido en toda una referente del feminismo en España.

El pasado de Sindy como prostituta

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Lo que sorprenderá a muchos en esta historia es que Sindy, antes que influencer y esteticista, fue prostituta. Con tan solo 18 años, y después de probar lo que es trabajar a jornada completa en tiendas por un sueldo mísero, la joven decidió coger un “atajo”. Encontró en el sexo profesional una manera de ganar dinero fácil, el que necesitaba para abrir su propio negocio. Y en apenas unos años ahorró lo suficiente para montar su salón de belleza en pleno centro de Madrid, momento en el que dejó la prostitución. Como ella misma explicaba, no era un trabajo que disfrutase, ni era algo vocacional. Solo una manera rápida de conseguir el dinero que necesitaba para hacer realidad sus sueños. Una forma muy pragmática de verlo, aunque ahora, en parte, rechace aquel pasado.

Defendiendo la profesión del sexo

A pesar de haber sido prostituta, Sindy no animaría a las chicas a optar por el mismo camino que ella tomó. Asegura que sufrió vejaciones y ataques sexuales durante su trayectoria como escort, y que salió de ese círculo vicioso en cuanto pudo. Lo hacía simplemente por dinero. Sin embargo, hay algo de empoderamiento también en esta historia. La chica tenía las cosas claras y sabía que esa forma de entregarse le daría unos ingresos rápidos y sencillos, así que se lanzó a por ella. Declarada feminista, Sindy aboga por ofrecer derechos a las trabajadoras sexuales, afirmando que son uno de los colectivos más marginales que existen en la sociedad. La chica no entiende como el feminismo da la espalda a esas mujeres que, por voluntad propia, deciden iniciarse como escorts. Sin ofrecerles alternativas, sin más apoyo que la idea de ilegalizar su trabajo.

El salón de belleza más mediático de España

La historia de Sindy da para un libro o para una película. Prostituta desde los 18, estuvo unos años trabajando y ahorrando todo lo que podía, viviendo por su cuenta, para poder montar su salón de belleza. Cuando lo consiguió, la realidad se le echó encima. Jornadas de 12 horas tratando con clientas que en muchas ocasiones no eran demasiado educadas. Se convirtió en una especie de psicóloga para ellas, no solo haciendo las uñas, sino escuchando y aconsejando a aquellas mujeres. Un buen día entró en su salón de belleza la actriz Blanca Suárez, conocida por series como Las Chicas del Cable o El Internado. La actriz, con  miles de seguidores en redes, quedó tan contenta con el resultado de su manicura que animó a sus amigas a ir. De pronto, el negocio de Sindy se llenó de influencers, haciendo que ganara ella misma un montón de seguidores y convirtiéndose en el salón de belleza más famoso del país.

Una estrella de Instagram

Cuando comenzó en la red social de las fotos, Sindy tenía poco más de cien suscriptores. Años después, ya convertida en todo un fenómeno, cuenta con 160.000 seguidores y subiendo. Buena parte de su fama se debe al programa Las Uñas, que emite a través de la plataforma Flooxer. Pero también ha ido consiguiendo popularidad por sus opiniones en redes sociales, muchas de ellas sobre temas feministas. Si bien su cantidad de seguidores no puede equipararse a otras influencers más potentes, lo cierto es que Sindy se muestra con un desparpajo y una naturalidad que enganchan. No tiene que ofrecer una imagen perfecta para vender tal o cual marca. Ella misma es su  marca, y sabe muy bien cómo conectar con su público.

‘Las Uñas’

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En verano de 2018, la plataforma Flooxer, perteneciente el entorno digital de AtresMedia, estrenó el programa Las Uñas. Se trata de un innovador formato de entrevistas en el que la propia Sindy Takanashi recibe en su salón de belleza a personalidades de todo tipo, tanto hombres como mujeres, para hablar de los temas que les interesan. Mientras tanto, las invitadas disfrutan de una manicura especial, un símbolo de belleza y empoderamiento. Las Uñas ha sido uno de los formatos más originales y populares dentro de Flooxer, y cuenta hoy por hoy con cuatro temporadas completas, que pueden disfrutarse a través de Atresmedia Player. Un programa diferente que ha permitido a Sindy proyectar su imagen mucho más allá de las redes sociales y empezar a ser reconocido también en otros círculos, sobre todo por sus entrevistas a famosos y famosas.

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